¿Qué enfrentan los pastores hoy?

La vida del pastor, en principio, no debería ser complicada. De hecho, cuando vemos el patrón bíblico, histórico y social, un pastor común de ovejas vivía una vida simple, sin complicaciones aparentes concentrándose específicamente en sus ovejas, su cuidado, su alimentación, su protección, su multiplicación, su producción, etcétera.

En nuestra época, no hay duda de que la vida del pastor de ovejas es bastante más complicada y difícil. En pleno siglo XXI, es más cuesta arriba que en décadas pasadas. Los cambios sociales, religiosos, morales, etcétera,  han sido tan bruscos, enormes y repentinos que la tarea se ha vuelto realmente agotadora y nos desgasta en extremo. Pero este complicado escenario no elimina la necesidad de más obreros para la mies, que sigue siendo mucha.

A través de este aporte literario busco exponer lo que Dios ha puesto en mi corazón sobre la vida pastoral en el contexto de un mundo posmoderno y todo lo que eso conlleva, de manera que se pueda tener un ministerio y pastorado transcendente, transparente y eficaz.

En mi primer libro Pastores de carne y hueso, comparto algunas estadísticas relacionadas con el universo de los pastores. Una de ellas, es que un promedio de mil quinientos a mil ochocientos pastores abandona el ministerio voluntariamente por varias razones. Esta estadística ya tiene algunos años. Sin embargo, el ministerio Pastoral Care Inc., afirma que recientemente el número ha bajado drásticamente, aunque es difícil definirlo con exactitud. Esta es una excelente noticia, ya que ver números reducidos es precisamente lo que buscamos y por lo cual tenemos este ministerio de apoyo pastoral.

¿Cómo es un pastor? ¿Cómo es la vida “normal” de un pastor? Hay pastores que no llevan vidas normales. Jesús, siendo Dios, no vivió entre nosotros como Dios, sino como hombre. Siendo el gran Pastor, llevó una vida normal. Él no salía a caminar sobre las aguas en las mañanas, ni volaba como Superman surcando los aires; se transportaba como todo el mundo para ir de un lugar a otro. Comía, dormía, reía y sudaba como cualquier humano. Sus doce discípulos no eran sus guardaespaldas. En una ocasión, les lavó los pies. Alguien dijo: “La gente está hambrienta de expresiones genuinas de la verdad, no de predicadores con pantalones vaqueros/jeans apretados sentados en taburetes intentando desesperadamente formar parte de una tendencia”; perfil clonado en muchos escenarios evangélicosSeamos y hagamos lo que Dios nos ha llamado ser y hacer.

No escribo esto pensando que estoy diciendo una novedad. No lo es. De hecho, el año pasado se publicaron unos cuatro mil libros de liderazgo de tipo secular (la mayoría, me imagino) y algunos cristianos. En Amazon hay ochenta mil títulos relacionados con el tema del liderazgo. Escribo esto porque creo que constituye un puente entre el lector de este tratado y este servidor que lo propone. Ambos somos humanos y de eso tenemos todo en común.

Como pastores, debemos contender por poder llevar un estilo de vida normal, saludable, familiar, divertido, moral, ético, desafiante; por nuestra propia salud integral, por nuestra familia, por la congregación a la que servimos y por la sociedad donde vivimos. ¿Será posible? ¿Será una utopía pensar así? Yo lo veo posible, primero porque Jesucristo, nuestro principal pastor, ya hizo la parte más difícil y solo nos toca volver al modelo original. ¿Podremos proponernos esto como una meta inmediata, a pesar de lo que está sucediendo con el ministerio? Por supuesto que no será fácil, pero Aquel que nos llamó y que es fiel no ha cambiado su palabra. El modelo de Jesús, nuestro buen pastor, no cambia. Somos nosotros los que cambiamos todo el tiempo y ese es nuestro problema principal. Por esos cambios que estamos viviendo, es mi deseo que este honroso oficio sea fortalecido, sea confirmado y sea anhelado por muchos más para vivir “la vida del pastor”.

El caso de Moises es muy apropiado pues es un pastor de ovejas de lana, un humano que tiene un encuentro con lo divino, con la presencia visible y tangible de Dios. Esta experiencia marca su vida a tal punto que lo catapulta al ministerio y la misión que Dios tenía asignada para él. La visión de la zarza ardiendo y que no se consumía, representaba la visión y el mensaje del ministerio de un líder; era un mensaje visual y directo; el Power Point de Dios. Es necesario que nazca un “fuego”, algo que arda en ti para servirle. Debes servir a Dios “encendido” con su fuego y su pasión, pero cuidando que este no te consuma. Cuando no manejas ni administras bien el fuego y el celo del servicio a Dios, este te puede consumir y fundir. Hablando con un ministro veterano, ya octogenario, notaba en su voz la pérdida de esa pasión y ánimo. No era por su avanzada edad, sino porque había sufrido de depresión durante meses, quizá por sentirse ya inútil y no poder hacer lo que siempre estuvo acostumbrado, o por haber pasado a un plano en el que ya no era visto ni escuchado. No es extraño para un pastor pasar por momentos de depresión y angustia. El gran reto consiste en dejar de ocultarlo o develarlo a su cónyuge y consiervos allegados, de manera de buscar ayuda y apoyo. Sin embargo, la mayoría evita buscar esa ayuda y ocurren cosas nefastas como las que estamos viendo hoy en día. Oímos de casos de suicidio de pastores que no dieron señal alguna de estar viviendo un infierno por dentro mientras que por fuera aparentaban estar bien.

Cuando me entero de consiervos que se han quitado la vida debido a las presiones y un montón de razones complejas, se me desgarra el corazón.

Tomado de su libro “La vida del pastor”

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ISBN: 978-1-62999-425-3 Autor: Alfonso Guevara ¿Cómo es realmente el diario vivir de los pastores?¿Cuáles son las presiones que enfrentan?¿Deberían de ser impecables

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